Siete: [Indicio]
Muy entrenado para adaptarse a las distintas culturas, el terrorista fue una célula dormida durante muchos años. Planeó su golpe de manera maestra. Estudió fechas, modos, posibilidades. Todo con el fin de poder causar el mayor daño posible de una sola vez y salir impune para poder disfrutar del resultado de su obra maestra. Juntó materiales, pasó sus noches leyendo libros. Vivía en su pequeño departamento como vecino modelo. Haría todo el trabajo solo, para no despertar sospechas.
Mientras diciembre se fuera acercando, los detalles de sus movimientos eran cada vez más cuidados. No debía equivocarse, o años de trabajo serían tirados a la basura en cuestión de horas. Su golpe sería doloroso, mortal en el mejor de los casos. Su plan era simple, y a la vez impensado. Le faltaba un detalle final, pero en líneas generales, no haría otra cosa más que subirse a una avioneta y recorrer los cielos de varias ciudades, durante la noche de Navidad. Al momento de la cena navideña, mientras todos estén levantando sus copas y mediante algún químico extraño, rociaría a todas y cada una de las personas que estuvieran brindando y les haría sentir por unos cuantos minutos, por unas cuantas horas, por unos cuantos días, que había esperanza.
Desperté.
El sueño de los despiertos que sueñan con dormir jamás.
Sueño delirios de cansancios eternos. El mal dormir narcotizante.
Es molesto decir que tenía razón.
El amanecer del fracaso de proyecto de humanidad comenzó mucho antes de que se pudiera planificar su salvación. Basta con mirar por la ventana del departamento en donde estoy encerrado para denotar que el ser humano como ser vivo, seguramente pueda salvarse. Pero la condena ya está extendida a la humanidad como entidad, si es que alguna vez existió como tal. Los cultores de la eterna espera del fin del mundo pueden alegrarse. Depredadores de desgracias ajenas, el sueño se ha cumplido.
La pregunta sigue siendo: ¿hasta dónde me atrevería a salir?
El último contacto humano que tuve fue con un vecino. Estaba con un pie en el auto, huía con su familia al campo, mientras el estado de sitio se declaraba por si solo. Cerró su farmacia cuando una persona quiso comprar calmantes para los dolores musculares que sentía, y al no poder venderle una cantidad exorbitante, comenzó a morderse los dedos con furia. “He tenido que soportar drogadictos, asaltantes, clientes disconformes. Pero haber tenido que limpiar los pedazos de dedos del mostrador que el tipo ese escupió fue lo último que uno esperaría al presentarse a trabajar.” Era una decisión que tenía tomada hace tiempo. Irse con su familia a vivir al campo. Espero que haya podido llegar a algún lado. La entrada a mi edificio desde aquel día es una barricada.
La televisión mostraba los destrozos que se produjeron en el centro. Los saqueos de aquellos que todavía no estaban atacados. Cuando la locura impera, un desconocido sólo piensa en llevarse un televisor de los más caros. La policía tenía la orden de disparar a matar. Y lo hizo antes de salir del cuartel, matándose entre ellos.
¿Por qué a mi no? ¿Por qué no soy como los demás? Con lo poco que sé he podido ir deduciendo como se suceden los diferentes estados alterados en los humanos. Empezaba con el dolor, luego la locura, y por último los arranques masoquistas. En el medio, las agresiones sin razón, los asesinatos sin sentido. ¿Y después? Los resultados están ahí afuera.


