Doce: [Ambivalencia]
La única relación sincera posible con una persona es con uno mismo. El resto es una masa incomprensible de pensamientos, secretos, distintos pareceres, ideas cambiantes, imágenes mentales, impulsos incontrolables. De la frontera de la corteza cerebral hacia adentro, todo es control. Es por eso que el estar en contacto con otras personas siempre fue problema. Están allí, observándote. Y sin razón alguna, podrían saludarte o intentar matarte. Y en cierta manera no hay diferencia entre las dos acciones.
Ahí estoy yo, en las mismas calles que solía recorrer evaluando mis voces internas y pensamientos, ahora escuchando la voz que me dice que “no voy a llegar muy lejos”.
En un primer momento pensé que la voz era un delirio interior repentino. Tanto tiempo tratando de alcanzar un equilibrio entre sobrevivir al tener que sobrevivir, y la angustia de la soledad de estar encerrado en un departamento en extremo cárcel, en metáfora ataúd, me había empujado finalmente al delirio. Antes agorafobia contenible y querida, ahora esquizofrenia punzante en un momento en el que de tenerla, no haría más que sintonizar con todo el mundo y pasar desapercibido.
“Digo que no vas a llegar muy lejos solo.”
Es entendible que me quiera acompañar. No puedo estar sin mí un solo minuto del día.
Sin embargo, no soy yo que me estoy mirando.


