Informe de las horas que vendrán

Novela Blog

Catorce: [Extrapolar]

Buscamos desesperadamente conectar con alguien. Ya no es tiempo de relaciones. Debes adoptar nuevamente el síndrome de la manada. Juntarse para sobrevivir. El modelo de familia está en retrogénesis, nos juntaremos, sin conocernos.

Estos son mis veinte años. A punto de entrar a una universidad, a cumplir el sueño frustrado de mis padres a quienes tuve que dejar encerrados en lo que era mi casa y escapar de que me maten, literalmente. Años amenazando, y finalmente fue una de las pocas promesas que estuvieron cerca de cumplir.

Era una promesa, como persona, como ser humano. No hice lo imposible por mantenerla, y lo posible estaba fuera del alcance de lo deseable.
Meses antes de entrar a la universidad, mis padres tuvieron una de esas intensas y acostumbradas discusiones que no tenían otro objetivo más que calentar la cena. Veinte palabras sin sentido y me miraban. Yo escuchaba como otras tantas veces, sin replicar, sin entrometerme. Estarían así durante unos 10 minutos aproximadamente, y luego, a cenar como si no hubiera pasado nada. Ese día algo andaba mal, extrañamente mal. La comida se enfriaba más de lo habitual luego de unos 40 minutos de discusión, y como siempre, no osaba interrumpir tan selecto ida y vuelta de palabras sin sentido. Lentamente había finalizado la comida y seguía escuchando que las frases habían dejado de carecer de sentido hace unos 5 minutos. Articulaban de una manera completamente inconexa. Al principio había resultado divertido escucharlos. Era como tener el televisor encendido en la televisión italiana, donde uno intuye que están diciendo, pero en el fondo no se entiende un carajo. Luego todo fue tornándose bastante perturbador, pensaba que no notaban mi presencia, pero al intentar levantarme de la silla, ambos se silenciaron. Al volver a la posición de sentado, seguían en su juego, y nuevamente silencio al intentar levantarme. Decidido a optar por el silencio me levanté de la silla dando unos tres pasos alejándome de la mesa. Otras tantas veces había escuchado esa frase, pero esa vez llegó a sonar particularmente real: “Si te levantas de la mesa te mato.” En otro momento tal vez hubiera regresado a mi lugar, pero no fue este el caso. Cerré la puerta de mi habitación mientras escuchaba el silencio que reinaba en el comedor. Luego vinieron detrás de mí. Empezaron por la puerta, golpeando con algún objeto que no podía llegar a reconocer. Escuchaba golpear dos manos, pero también había algo de metal. Sólo podía pensar en que luego de la puerta, el siguiente destino era mi cabeza. Intuición que le dicen. Cargué en mi mochila más nada que mucho, más poco que algo. Mientras mi cama trababa la puerta y los golpes no dejaban de escucharse, escapé por la ventana saltando sobre el techo del auto. Pero esta vez, sin cuidar demasiado si lo abollaba o no. Intenté hacer un puente para arrancar el auto sin las llaves, pero eso sólo funciona en las películas por lo que me tuve que ir caminando. Las casas, cada dos por tres, hervían por dentro. Era cuestión de parar la oreja y escuchar, no era nada metafórico decir que se estaban matando. Aquella fue la noche que todo estalló, aunque ya estaba muy latente desde hace tiempo.

Una de las pocas cosas que leía era el diario. Me divertía analizando las noticias, y cuando comenzaron a saltar tantos hechos violentos, uno tras otro, no me pareció una simple coincidencia. Quería estudiar psicología. No creo haberlo mencionado. Igualmente todo eso es cosa del pasado. El presente es muy distinto. ¿Mencioné que encontré un desconocido en una esquina? ¿Mencioné que estábamos corriendo? Eran tres, o podían ser cuatro. Uno de ellos, balbuceaba como si nos llamara por nombres que no eran los nuestros. Uno rengueaba, y el otro tenía los dedos de la mano derecha mutilados, seccionados, mordidos. Y ahora nos buscaban a nosotros. Era muy difícil verlos de día, pero hoy, debía existir la excepción.

“Debemos perderlos cuanto antes, no sabemos si con los gritos pueden aparecer más”. Seguían siendo personas, y eso era lo más preocupante. ¿Hasta que punto eran concientes de lo que estaban haciendo?

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