Veinticinco: [Disyunto]
Construimos nuestra vida pasada todos los días. Construimos recuerdos a cada minuto, desde los más importantes hasta los más insignificantes. Allá estuvo Pedro, alzando por primera vez a su hijo. Gabriel comprando su primer cd con su propio dinero. Me recuerdo en una de mis primeras crisis. Y Lourdes… sería bueno saber si podemos confiar en ella a partir de este momento. Es de madrugada. Serán más allá de las 5. El Sol que no ha salido empieza a teñir el cielo de colores indecisos.
Creemos que la repetición de un día igual al anterior nos llevara al mismo resultado. No hemos tenido algo así desde nunca. Somos la prueba irrefutable del descanso de la buena suerte. Debería ya no preocuparme el silencio de los que no me hablan, debería preocuparme por los que insisten en gritar verdades que nunca termino de entender. Allí está mi eclipse mental. Mi mente entra en un cono de oscuridad irreversible. Somos maquinas de movimiento perpetuo que se dedican a olvidar. En la oscuridad de la ausencia de nosotros mismos esta enterrado nuestro yo más insano.
Sin duda, en otro lado están sucediendo cosas que están por encima de nosotros. En algún lado la figura del héroe se está alimentando, y encontrara el desenlace que lo erguirá como tal. Siento que estamos en las afueras de la historia. Y quizás debamos continuar así. Pareciera que arribamos a todos los sitios a destiempo. Que alguien hizo lo que debía hacer, días antes, minutos antes, y allí llegamos los cuatro.
- Su mente debe estar jugando con ella.
Es Pedro, parecía dormido, todo acurrucado bajo una manta.
- Es muy posible que haya inventado todo con su mente. Es probable que no sea ese contagio del que todos estamos temiendo. ¿Deberíamos atarla? ¿Será seguro para nosotros? – de un momento a otro no sé si suena sensato o no.
¿Cuáles son las opciones si no sabemos particularmente nada? Todos esos científicos británicos murieron antes de tiempo. Antes de las balas, intentaron con vacunas. Luego, comenzaron a disparar soluciones a mansalva.
- Será una medida muy extrema si la atamos antes de que logre despertarse?
Le digo que desde mi punto de vista, y dada las circunstancias que estamos viviendo y que vivimos que no tiene porque molestarle…
- ¿Pero que les pasa? ¿Por qué me ataron así?
No fue difícil. Especialmente por la contextura física de Lourdes. Pedro culmina la obra amordazándola. No sabemos si son las palabras las que contagian. No sabemos nada.
Todos pensábamos lo mismo. ¿Ahora que hacemos? Nuevamente estábamos guiados por nuestro desconocimiento. Gabriel no se había despertado, pero al escuchar el reclamo de Lourdes abrió los ojos.
- Gracias por despertarme. Estaba teniendo una pesadilla.
El silencio indicaba que lo estábamos escuchando. Incluso Lourdes.
- Soñaba que era un partero. Pero al revés. Era el encargado de meter dentro de las mujeres unos espantosos fetos viejos. Era una especie de nacimiento al revés. Pero estos eran reabsorbidos por el cuerpo de la mujer como una especie de tratamiento estético. A todo esto… ¿qué hace ella atada?
Le explicamos el episodio del hospital, observado por sus propios ojos. El rostro de Lourdes permanecía inmutable. La desconfianza en sus recuerdos. La posibilidad de que finalmente se transforme en una de esas cosas. De que nos ataque. De que la realidad que ella postulaba ya no sea tal. Miles de etcéteras inundando nuestros dichos. Y nuevamente el miedo a que todos terminemos siendo como ellos.
Gabriel piensa. Tiene esa cara de estar mirando para adentro.
- Siempre he tenido problemas con los recuerdos. Siempre en las reuniones familiares terminaba contando anécdotas sobre mi que no me pertenecían. Resulta que todo lo que me había pasado cuando era chico, eran situaciones que habían vivido mis primos, o mis hermanos. Resulta que finalmente no había vivido lo que decía vivir. Todo mi yo estaba en mis falsos recuerdos. Una vez incluso estaba convencido de que me había quebrado una pierna. Tenia la imagen del yeso, de no poder caminar durante meses, pero no.
Se detuvo unos segundos para mirar a Lourdes.
- ¿Cuánto tiempo la tendremos así?
Deducimos que no tenemos forma de realizar un diagnostico de algo que sólo sabemos por haber visto un par de horrores aquí o allá. Por nuestra experiencia personal. El azar nos ha brindado información, y ahora todo lo que tenemos es la posibilidad de tener un caso entre nosotros. Entre nosotros que quedamos. No sabemos si son las miradas las que contagian. Le tapamos los ojos con otra venda. Es nuestra rehén. Gabriel sugiere que debemos tirar un dado para decidir cuantos días la dejamos atada. Ante lo imprevisto de toda situación, decidimos seguir ese camino. Nos damos cuenta que ella sigue la situación con especial atención. No deja de murmurar frases debajo de la venda. Es probable que si prestáramos atención nos daríamos cuenta de aquello que nos trata de decir. Arrojamos el dado, que rueda con su cúbica agilidad sobre el suelo determinando seis días. “Tenia todos los dados para jugar a la Generala” dice Gabriel. “Y se me fueron perdiendo. Este dado que me quedó es un amuleto de la suerte. Desde que lo tengo las cosas solo empeoraron. Pero me da pena tirarlo por ahí sólo por una mala racha.” Lourdes sigue intentando decirnos algo. Le sacamos la mordaza para darle una oportunidad.
- Todo fue mentira. Toda mi historia del hospital. De los ataques que sufrí. Inventé todo eso con el fin de protegerme. Supuse que si con tenerme lastima no me harían nada
Pedro le dice que está bien que haya sido precavida. Pero que en dos aspectos muy distintos, eso no le hubiera servido de nada. Simplemente lo hizo para protegerse de personas que no somos nosotros. Y de no haber sido nosotros, es muy probable que hubieran abusado de ella igual. Igualmente deliberamos unos minutos más. Ahora que sabemos que es mentira todo lo que sucedió podríamos cambiar nuestra postura de aislamiento. Eso o arriesgarnos a cualquier reacción inesperada. No podemos confiar en sus palabras, debemos esperar los hechos. Y todavía tengo en mi mente la imagen del conductor de la ambulancia pintado en sangre. Llegamos a una conclusión, no serán 5 días. Con cinco tiene que alcanzar. No le negaremos ni la comida ni el agua y nos quedaremos en el mismo lugar. Le decimos que la estaremos observando, que es por nuestro bien y por el de ella. Y que lo más probable es que la desatemos como regalo de navidad. Esa será nuestra razón para festejar. Que seguiremos siendo cuatro. Ni uno más, ni uno menos.


